12 de diciembre de 2014

Reflexiones y otras yerbas: qué sencilla es la vida...

Sin un reloj en la muñeca que controle tu tiempo.
Sin que te preocupe el check de WhatsApp.
Sin tener que descargarte la última APP que te recuerde lo que tu mente quiere olvidar.
Sin depender de que tu publicación tenga los suficientes likes (que afiancen tu aprobación social).

Qué sencilla es la vida sin que te JODA si te dejó en visto o te respondió el sms tres días después (con un 'ok').
Sin solo abocar tus recuerdos por fotos.
Sin la urgencia de publicar toda tu vida para que los demás vean lo divertida y cosmopolita que es.
Sin estar pendiente de cuánto saldo tienes.

Qué sencilla es la vida sin un despertador que limite tu sueño.
Sin que llegue fin de mes y tengas que pagar el plan telefónico que te dará vida social.
Sin preocuparse que te vayan a quitar lo que no tienes.
Sin tener que hacer cola en ese banco que te cobra una comisión por respirar (y otra por hacer cola).


Qué sencilla es la vida sin haber probado la Moradita de Inca Kola.
Sin depender de que un medio de comunicación te diga su verdad para que te la creas.
Sin ser un esclavo de la publicidad y las promociones.
Sin que tu educación dependa de si pagaste la mensualidad o tienes un iPad.

Qué sencilla es la vida sin comprar ese helado que pusieron frente a ti y despertó tus placeres etéreos.
Sin publicar ese meme o estado que exprese lo que sientes (para que te hagan caso).
Sin que un líder de opinión te explique lo que no pudiste interpretar.
Sin contar cuántos 'amigos' se acordaron y te saludaron en Facebook por tu cumpleaños.

Publicidad. Primera imagen: tú, de compras (casual). Segunda: la cara de BABOSO con la que te imaginan los publicistas

Qué sencilla es la vida sin estar buscando la foto (ideal) de portada.
Sin que al comprarte ropa tengas que estar pensando en si combinará con la que ya tienes.
Sin vivir de lo que otros publican en las redes para ver si vas bien.
Sin hacerte el 'chistoso' o 'atento' para afanar a alguien.

Qué sencilla es la vida sin que te interese qué dijeron de ti.
Sin tener que criticar a Urresti y odiar a Arjona porque es lo que TODOS hacen.
Sin que te importe si tu compañero de promoción gana más o tiene un mejor puesto.
Sin presumir lo mucho que lees para parecer intelectual.

Qué sencilla es la vida sin tener que publicar un pensamiento para parecer sensible o profundo.
Sin tomarte ese selfie grupal que acompañe tu soledad.
Sin pagar fanática y religiosamente la cuota de la tarjeta que te están por cortar.
Sin fotografiar lo que comerás para darle actividad a la red social que te creaste mientras estabas aburrido.

Florentino Ariza se acordó de una frase que le oyó de niño al médico de la familia, su padrino, a propósito de su estreñimiento crónico: “El mundo está dividido entre los que cagan bien y los que cagan mal”. Sobre ese dogma, el médico había elaborado toda una teoría del carácter, que consideraba más certera que la astrología. Pero con las lecciones de los años, Florentino Ariza la planteó de otro modo: “El mundo está dividido entre los que tiran y los que no tiran”. (Párrafo tomado de El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez).

También el mundo se puede dividir entre los que tienen una vida sencilla y los que no.

La vida puede ser sencilla.

BONUS TRACK: Esta Navidad, tú, amigo adicto a la Coca Cola, hazte un favor...

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